Un crujido en las tablas le señaló que no estaba sola en la habitación. Palpó las sábanas tratando de encontrar la bata de baño en la oscuridad, mientras sentía que sus pies se resbalaban sobre el suelo mojado. Un escalofrío recorrió su cuerpo y con sus manos tapó un grito que sentía se le escapaba de la garganta. Suspiró profundo, aguantó el aire y esperó en el silencio alguna señal de el acompañante misterioso. No se escuchaba nada. Susurró varias veces el nombre de su marido, aguardando alguna respuesta que le calmara el pecho. Buscó torpemente entre las ropas alguna señal de él, pero no lo sintió a su lado.
(Continuará...)
Quiero
ver un campo de rosas silvestres
florecer entre estos muros de concreto.
Entonces volveré a reír

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