En medio de la oscuridad de una habitación húmeda despertó el ruiseñor. Con las alas mojadas y la garganta entumida no podía gritar ni huir de prisión. Temeroso, se aferró a sus rejas y trató de mirar a su exterior, pero sólo encontró soledad y la profunda oscuridad.
De pronto, del silencio mas profundo, brotó una canto de esperanza, sorprendido, el ruiseñor, enfocó su mirada en el vacío, buscando al responsable de tan hermoso sonido. ¡Sorpresa! De entre la oscuridad logró divisar otra pequeña celda con un pequeño compañero celeste, cantando con toda su alma. Conmovido por el sonido, no notó cuándo fue que otros cantos se unieron al del compañero celeste, pero para cuándo ya los había descubierto a todos, se dio cuenta de que en esa habitación tenebrosa se encontraban cientos y cientos de seres como él, pero distintos todos, en sus propias prisiones. Algunos eran rubios, otros morenos, otros pelirrojos, e incluso estaban los que inflaban con orgullo su pecho colorado ante la falta de armonía en su voz. El ruiseñor sintió estremecerse su corazón, y se unió al canto.
Próximamente: “La perspectiva del muchacho”
Hay un sonido de tambores dentro de mi cabeza que inicia cuando tu estás cerca.
Más suave que el silencio, más sonoro que campanas, más dulce que el cielo & más duro que el infierno.
(Drumming Song – Florence + the machine)

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